viernes, 7 de mayo de 2010

El Búho Consumista


Una figura con contornos redondeados emerge entre medio de sombras que reflejan una luz desde atrás. Con fuerza, y escoltada por una música de boliche cautivante, aparece una tarjeta de crédito, con un holograma colorido a un costado, con un nombre propio impreso, brillante y lista para usar. En otra sección de la publicidad aparece un hombre, en cámara lenta, en el medio de la noche, como un búho que acecha, concentrado en su escritorio con un aparato electrónico. Sus pelos se erizan, sus pupilas se contraen, sus oídos y tacto se deleitan al encuentro con el envoltorio del producto nuevo. Y un búho que da vuelta representa a las personas que adquirirán las tarjetas. Su mirada es impávida, inmutable, parece que no piensa, se rige sólo por la vista, no duerme, está como hipnotizado por los objetos materiales que alimentarán su apetito de consumismo, y que le dan una sensación de felicidad. Y para terminar, una palabra sintetiza todo el engaño: DUEÑO.
Esta es la descripción de una publicidad de tarjetas de crédito y de débito, emitidas por una conocida entidad financiera. Me permito analizarla porque considero que es excelente desde el punto de vista publicitario, pero peligrosa y dañina desde el punto de vista social. Psicológicamente tiene un arma de doble filo, porque insta al individuo no sólo a poseer las tarjetas de crédito y comprar, sino que realiza además una apología del consumismo, de la superficialidad del individuo de la época moderna.
Posiblemente el hombre haya llegado hasta los límites de todas las combinaciones que pueden encontrarse dentro del modelo capitalista. Y posiblemente unos de sus componentes sean, por un lado, inversores globales que obtienen rentas regionales de negocios coyunturales en desequilibrio, y por otro lado consumidores individuales que, con un desequilibrio en sus finanzas personales, compran bienes que no necesitan para sentirse equilibrados y globales. Imaginemos una línea invisible que separa al inversor del consumista, que nos atraviesa, nos perturba, nos pesa y nos libra o nos condena. Si te dejas llevar por los sentimientos de pertenencia material, y consumes vanamente, te condenas. Si te dejas arrastrar por impulsos animales de captura, si tienes los ojos grandes, enfocados y brillosos dentro de las estructuras de una vidriera, te conviertes en búho. ¿Qué quieres ser, un búho o el que le da de comer?