viernes, 21 de mayo de 2010

El Sentimiento y el Dinero

El dinero mueve al mundo. ¿Y qué mueve al dinero?

Ahorristas asustados por los noticieros, amas de casa que sienten felicidad con una navidad rodeada de regalos, trabajadores mal pagados enfadados, familias preocupadas, esposas insatisfechas, ricos aburridos, pobres resentidos, jubilados que compran el juguete de sus nietos en las ferias, profesionales que toman créditos caros para elevar su nivel de vida.

El sentimiento mueve al dinero.

El Ser Humano ha llegado a la Era de la Información, utiliza tecnologías antes impensadas para épocas tan recientes, y que incluso llegaron a superar la ficción.
El Ser Humano ha inventado el Método Científico, pero no lo ha adoptado de manera masiva.

El Ser Humano continúa siendo el cavernícola con el palo, porque la razón no lo gobierna.

La razón no gobierna al Hombre, el Hombre es aún gobernado por el Sentimiento. Este es el gran secreto aún no revelado por los ricos ni por los libros de autoayuda financiera. Los millonarios saben esto. Los más grandes inversionistas del mercado accionario se valen de este conocimiento, y vacían los bolsillos de las masas. Los bancos lo saben, y se valen del sentimiento del consumismo para ganar sus intereses. Los gobiernos lo saben.

Los miles de estudiantes de las ciencias económicas han sido engañados. Pero sin embargo los que hacen a la economía lo saben. El sentimiento mueve al dinero y no la razón. El empresario que engrosa sus bolsillos los últimos días de diciembre, las marcas comerciales que asocian la felicidad con un aparato electrónico. El más íntimo acercamiento entre lo comercial y el Hombre apunta directamente al centro de su corazón, al sentimiento del débil consumidor que todos llevamos dentro.
Y allí comienza la rueda que realmente mueve al mundo. Se crean y se destruyen empresas, valores bursátiles e ideas, tan sólo por un simple movimiento en el sentimiento de los Seres Humanos.
El sentimiento de desolación y desesperanza mueve a la madre a descuidar y desprenderse de sus hijos.
El sentimiento de pobreza y desamparo mueve al hijo a la droga, y comienza a moverse el mercado de estupefacientes. El joven se irrita, se enfada con el mundo, quiere lo que nadie le dio y lo quiere ya, y el sentimiento de envidia y de ira lo lleva al robo, al asesinato. El sentimiento mueve el dinero que pagará abogados, jueces, programas televisivos. Y ahí vamos nuevamente con el movimiento de la rueda. El sentimiento ha movido esa parte del mundo.

El amor mueve al dinero.
Es fácil, directo. Amas a tus hijos y quieres darles lo mejor, según tus conceptos. Si te has separado de tu esposa, si no puedes estar mucho tiempo con ellos, si crees que fallas en lo que los educas, si sientes cualquiera de estas cosas, tu dinero irá a mover directamente las manos de los fabricantes chinos de juguetes. Y de videojuegos. Y de colegios caros.

No hay nada más intangible pero real que el sentimiento. El sentimiento no se ve, se siente, pero tiene la capacidad de viajar a millas de donde estamos. Los hilos ocultos que mueven al mundo se encuentran escondidos en la dimensión del sentimiento. Y el sentimiento combinado con dosis de dinero da la vuelta al mundo en una fracción de segundo.

Continuará...