miércoles, 12 de mayo de 2010

Los Ricos de la Argentina

Luego de haber terminado la lectura de los libros de Luis Majul, Los Dueños de la Argentina I y II, y Los Nuevos Ricos de Argentina, me quedan dos grandes conclusiones acerca de la riqueza, al menos en Argentina. La primera es que muchas de las principales características de las personas ricas, enunciadas tanto por Robert Kiyosaki, autor de la saga de Padre Rico Padre Pobre, como los descriptos por Napoleón Hill, del best seller Piense y Hágase Rico, se cumplen uniformemente en casi todos los hombres analizados por Majul. Y la segunda conclusión, que desarrollaré más adelante, es que la asociación con el poder político, al menos en Argentina, es fundamental para cruzar la línea de casi rico a rico o millonario. Volviendo a lo primero, estas características del rico se refieren a la audacia, la perseverancia, el trabajo en equipo, el no tener temor al fracaso, la educación eficaz, la personalidad positiva, el poder de decisión bien definido, la poca o nula superstición y prejuicio, y el entusiasmo desmedido, o pasión. Ejemplos de esto son Carlos Bulgheroni, dueño de diversas empresas industriales, que comenzó a vender y fabricar bridas (caños que transportan el petróleo) para YPF, a partir de información que obtenía seduciendo a las secretarias de los gerentes de la empresa estatal, y contando con un capital de sólo un teléfono y un buen poder de asociación con otra persona que fabricó los productos como YPF lo requería exactamente. También destaco a Carlos Ávila, quien siendo hijo de una empleada doméstica, aprendió del negocio de la publicidad empezando desde muy abajo como cadete, y llegó a realizar contratos millonarios y a formar un grupo tan fuerte como el que maneja actualmente a TyCSport. Es decir que, además de las características evidentes vistas arriba, estas personas no necesitaron de un capital importante para empezar ni de padres que hayan tenido dinero, lo cual refuta el famoso mito “es hijo de”. En cuanto a la asociación de muchos de estos millonarios con el poder político, me quedó en claro que ésta no sólo es favorable para ambos bandos, sino también casi ineludible. Cuando un grupo económico se hace tan fuerte que emplea a gran parte de la mano de obra de un país, o que debe pagar grandes sumas de impuestos, o que genera empleo y brinda productos y servicios muy importantes para el desarrollo de la economía, un gobierno no lo puede dejar caer si se encuentra en problemas económicos. Y allí llegan las famosas condonaciones de deuda, o los regímenes de promoción industrial. Ambos instrumentos financieros realmente han servido para que estos grupos económicos pasen la línea de riqueza general, a un nivel superlativo de ganancias. Y usted en este momento se habrá preguntado, ¿acaso eso no es corrupción? Y yo le diría: es posible, pero que los juzgue la justicia. Desde aquí lo vayamos sabiendo. El problema de la mayor parte de la población, en especial de Argentina, es quedarse con la indignación de la sospecha, y no hacer más. Si estamos tan seguros de un hecho corrupto, ¿por qué no lo denunciamos, no lo investigamos, no lo reclamamos? ¿por qué no usamos las plazas públicas para reclamarlo? (no sólo deberían usarse para marchas piqueteras) ¿o esperamos que los estudiantes franceses vengan a revolucionarnos? Evidentemente esto es muy difícil, pero permítanme que les diga qué es mucho más fácil: seguir los pasos de los millonarios. Arriesgarse, asociarse, trabajar con un buen equipo, perseverar y triunfar. Formar empresas fuertes, expansibles, multinacionales, innovadoras. Hacer lo que los ricos de Argentina, o cualquier otro del mundo, hicieron en sus comienzos. Y cuando estemos en el límite entre una maniobra ilícita o no, allí decidiremos. Estoy seguro que cuanto más empresarios haya, mejor esté el país, y nuestras empresas más fuertes sean, menor será la propensión a la corrupción. Porque tendremos instituciones más seguras y desarrolladas. Como conclusión final, ¿quién hace a los ricos de un país? Nos hacemos a nosotros mismos, y los hacemos a ellos.